Análisis de DiRT Rally 2.0

Resultado de imagen de dirt rally 2.0Cuatro años después de DiRT Rally, Codemasters contraataca con la segunda entrega, entregando un manejo aún más pulido, más coches, más circuitos, más eventos online y repitiendo, por desgracia, algunas carencias que siguen sin llegar.

Decimos lo de siempre: no existe el juego perfecto, aunque algunos se hayan acercado a esa definición y guarden un rinconcito en nuestro corazón y nuestra ludoteca. Los Half-Life, Portal, Uncharted, Super Hot VR y demás joyitas lo son por un motivo: cumplen y colman expectativas. Y eso hizo el genial DiRT Rally hace 4 años y luego DiRT 4, entregando dos juegos refinados y exigentes. Solo pedíamos un modo campaña más trabajado y un modo a pantalla partida para poder jugar con nuestros amigos offline. Por eso sorprende que DiRT 2.0 afine muchas cosas que ya estaban bien y se deje en el tintero lo mismo que podía elevarlo al cielo eterno.

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También decimos que no hay que engañarse: esta segunda entrega es un juegazo en toda regla y va a satisfacer a los amantes del rali, está llenito de contenido y da para muchas horas, y los que tengan volante van a alucinar del todo, como no podía ser de otra manera.

DiRT 2.0 llega más exigente que su predecesor y eso se nota nada más comenzar a correr. Los fallos, aun con ayudas y rebajando la agresividad de la IA se pagan más duramente. Ejemplos: ¿que no te iba bien en la carrera que estabas haciendo? No problem, le dabas a “reintentar” y listo. Ahora podemos seguir haciéndolo, pero un contador nos limita el número de intentos a 5 ya no por carrera, sino por etapa, así que hay que administrarlos bien porque una vez agotados hay que aceptar nuestra posición final sí o sí.

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Por otra parte, la conducción es más exigente, el coche se nota más “descontrolado“, con más rabia. Ahora hacer curvas muy cerradas o derrapes perfectos necesita mucho mayor nivel de control, otro mensaje: si venís de DiRT 4 ya no hay excusas, y si acabáis de llegar, poneos las pilas.

Por fortuna seguimos teniendo diversas modalidades: rali y rallycross. El rali es el clásico y en el que más incide el juego. El “modo campaña” se llama ‘Mi equipo’ y es muy similar al de DiRT, pero en este caso se ha simplificado aún más, se le ha quitado la poca profundidad que tenía y se reduce a ganar etapas, lograr dinero, invertirlo en equipo humano y material y avanzar. Y es aquí donde se le pone el primer pero: no podemos empatizar con nadie porque no hay historia, es ganar y avanzar, sin más. Muy soso, la verdad.

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Eso sí, los confusos menús de su predecesor se han modificado y ahora la navegación resulta mucho más fácil e intuitiva. Igualmente los comentarios del copiloto vuelven a ser muy completos y, sin ellos, es realmente difícil ganar. Por desgracia hay cambio de voz en castellano y la nueva puede ser muy chocante si nos habíamos acostumbrado a la anterior y nos gustaba.

Rallycross es otra historia: se ha incluido el FIA World Rallycross Championship y se trata de manejar auténticas bestias casi incontrolables y dominarlas es muy, pero que muy difícil, requieren mucho tiempo y paciencia, también porque la IA es muy buena y agresiva y nos va a poner las cosas muy difíciles. El control del derrape se vuelve indispensable porque los circuitos son tremendamente ondulados y con unas curvas cerradas muy seguidas unas de otras. El manejo es radicalmente distinto del de rali en circuitos al aire libre y hay que cambiar la mentalidad.

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En el modo histórico (como en DiRT) contamos con auténticas bellezas clásicas recreadas hasta el último milímetro, y obviamente su manejo vuelve a cambiar. He aquí otro de los geniales logros de esta secuela: los coches funcionan como deberían, ir al rali histórico con la mentalidad de rallycross es un error garrafal, así que la variedad está servida.

Por último tenemos el modo “A medida” para crear carreras según nuestras preferencias, pudiendo crear campeonatos offline y online en rali y rallycross con los vehículos y condiciones que nosotros queramos, algo genial. El offline, por desgracia, se vuelve a limitar a correr contra la IA, no hay pantalla partida, algo que seguimos sin entender y que hace que DiRT 2.0 baje muchos enteros. Lo llevamos pidiendo hace tiempo y siguen sin hacer caso, una verdadera pena.

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A nivel técnico Codemasters vuelve a demostrar de qué pasta están hechos gracias a una mejora global: todo fluido, circuitos detalladísimos y oficiales en Argentina, Australia, España, Estados Unidos, Polonia y Nueva Zelanda. La vista dentro del coche es la más exigente y los daños vuelven a estar presentes, así que hay que tener cuidado de no acabar con el coche destrozado por malas decisiones. La música vuelve a estar en un segundo plano para limitarse a menús, acompañando sin más.

Por desgracia hay que llamar la atención sobre otra falla muy importante que tampoco tuvimos en DiRT: la ausencia de VR. Vamos a analizarlo con tranquilidad: un juego de conducción con vista interna pide A GRITOS una vista inmersiva como la de la realidad virtual. Quizás haga falta reducir un poco el horizonte de visión para que no se resienta, pero lo necesita. Lo peor de todo es que Christina McGrath, community manager de Codemasters, anunció que las VR llegarían… a PC, sin mencionar en ningún caso PS4, así que es probable que los de consola volvamos a quedarnos sin la realidad virtual en un juego que lo pide rabiosamente.

En general DiRT Rally 2.0 mejora casi todo lo mejorable y se vuelve más exigente, pero vuelve a pecar de lo mismo que pecó su predecesor y acentúa el problema con el modo historia. Repetimos: no es mal juego porque vuelve a ser el rey de los ralis y eso es innegable, pero que repita las carencias de antes y haga oídos sordos a lo que se pedía no se puede pasar por alto. Encantará, eso sí, a los fans del género y más con volante.

DATOS

Desarrolladora: Codemasters.
Distribuidora: Koch Media.
Género: simulación.
Plataformas: PS4, Xbone One, PC (copia física).
Plataforma analizada: PS4.
Idioma: totalmente en castellano.
PEGI: 3+
Web oficial: http://dirtrally2.com/
Precio: 69,95 € consolas, 49,95 € PC.

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